La luz siempre estuvo ahí

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Si avanzas hasta la orilla de una playa y te quedas quieto en el límite del agua y la arena sentirás que la corriente quiere arrastrarte con ella, viene y se va con más fuerza mientras tú te hundes. Intentas luchar contra esa fuerza y mantener el equilibrio, sacas un pie y después otro pero la marea siempre acaba enterrándolos.

Si miras al mar quedarás hipnotizado y sentirás un deseo irrefrenable de avanzar hacia él aun sabiendo que puede ser peligroso. Las olas siguen mojando tus pies y cada vez que se retiran ejercen más tracción. Te habitúas a esa sensación de arrastre e incluso llegas a pensar que flotas. De repente y sin saber cómo, el sol llama tu atención. La luz ha estado todo el tiempo a tu alrededor pero no habías reparado en ella.

El poder hipnótico del mar se disuelve y buscas volver a estar en equilibrio sobre la arena seca, bajo la luz y sintiendo que respiras con la brisa marina. Giras tus pies mientras la marea intenta abatirte, das dos pasos y por fin encuentras tierra firme.


La luz siempre estuvo ahí.

El equilibrio es la base para no hundirte jamás.

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2 respuestas a “La luz siempre estuvo ahí

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